Las enfermeras capitanas mambisas de Pinar del Río

HISTORIA LOCAL DE LA MEDICINA

 

Las enfermeras capitanas mambisas de Pinar del Río

 

Military Nurses of Pinar del Rio

 

 

Marco Antonio Montano Díaz1, Pedro Alexis Díaz Rodríguez2

 

 

1 Profesor Titular. Consultante y de Merito. Presidente de la Comisión Provincial de Ética Médica. Facultad de Ciencias Médicas de Pinar del Río.
2 Profesor Titular. Máster en Educación Médica Superior. Decano de la Facultad de Ciencias Médicas de Pinar del Río.

 

 


RESUMEN

Después de presentar una resumida descripción de un hospital de sangre mambí se hace una breve reseña biográfica de las pinareñas que obtuvieron los grados de capitanas del Ejército Liberador por su desempeño como enfermeras en la manigua redentora durante la Guerra de Independencia. Se destacan las figuras de Adela Azcuy, Luz Noriega, Isabel Rubio, Regla Socarrás y Catalina Valdés.

Palabras Clave: Enfermería.


 

 

ABSTRACT

After presenting a short description of a "mambi"-blood hospital, a brief biographical review of the women having the rank of Captain in the Army and their performance as Military
Nurses on the Independence War in Pinar del Rio, a research was conducted. The most outstanding women were: Adela Azcuy, Luz Noriega, Regla Socarras and Catalina Valdes.

Key words: Nursing


 

 

INTRODUCCIÓN

Consideramos que en la historia de la provincia de Pinar del Río, tanto al estudiarla en sentido general como al estudiar en sentido particular a sus médicos y enfermeras, no se ha sido todo lo exhaustivo que merecen algunas figuras extraordinarias, que han permanecido sin recibir la divulgación y los honores a que son acreedores. Algunas enfermeras mambisas como Isabel Rubio y Adela Azcuy son bastante conocidas y disfrutan de justo reconocimiento, así como Catalina Valdés. Regla Socarrás no es lo suficiente conocida por las nuevas generaciones, al igual que Luz Noriega, a pesar de que las 5 mencionadas fueron abnegadas y solícitas cuidadoras de los mambises que tenían que ser conducidos a los humildes Hospitales de Sangre de la manigua por estar muy enfermos o con heridas muy graves. Tan grandes fueron los méritos acumulados en el desempeño de su heroico trabajo, que las cinco recibieron los grados de capitanas del Ejército Libertador (E.L.)

No fueron solo ellas las que prestaron sus valiosos servicios a los mambises que los necesitaban1-4, pero hasta donde conocemos, fueron ellas cinco las que recibieron del Mayor General Antonio Maceo tan alto grado dentro del Instituto de Sanidad del E.L. en nuestra provincia.

Muchas mujeres, ancianos y hasta niños trabajaron heroicamente en los hospitales de sangre mambises, los cuales eran buscados con saña salvaje por los españoles y las contraguerrillas de cubanos traidores al servicio de España. Era costumbre que cuando esos malvados descubrían uno de esos emplazamientos, tan escondidos en los lugares mas inaccesibles, y sin recursos apenas5-9 eran vilmente asesinadas todas las personas que se encontraban en ellos, sin respetar sexo, edad, ni estado físico. 10-13

En esta revisión no hemos pretendido ni mucho menos agotar el tema aunque si hemos revisado la literatura disponible más autorizada y pertinente al respecto, como puede comprobarse en las Referencias Bibliográficas que incluimos. Es nuestro objetivo rendir tributo de respeto y admiración a las heroicas mujeres que con consagración y valor asombrosos prestaron sus muy útiles servicios en los asediados hospitales de sangre mambises durante las guerras de independencia en nuestra provincia y en toda Cuba. Este homenaje se brinda a través de la presentación de pequeñas semblanzas biográficas de las cinco enfermeras capitanas del E.L. de la provincia Pinar del Río, que pueden encarnar y representar a todas las heroínas a que nos hemos referido, y de esta forma contribuir a que su luminoso ejemplo se conozca mejor y nos inspire a todos.

SEMBLANZAS

(Las semblanzas biográficas que exponemos a continuación se presentan por el orden alfabético de sus apellidos)

Adela Azcuy y Labrador Piloto

Su nombre de pila es Gabriela de la Caridad, aunque siempre se le llamó por Adela.4 Nació en la finca Ojo de Agua, en el barrio San Cayetano, del municipio Viñales, el día 18 de Marzo de 1861. Su padre fue Francisco Azcuy Martínez y su madre María del Carmen Labrador Piloto y Mesa.

Adela pasó su niñez en aquellos rústicos escenarios, ejercitándose en la equitación y la caza y aprendiendo el dominio de las armas de fuego, completó su educación en la Habana, y regresó al hogar familiar poco antes de morir su padre. Su porte era distinguido y su trato atrayente. Componía hermosas poesías.3

Contrajo matrimonio con el licenciado en Farmacia Jorge Monzón y Cosculluela, de firmes ideas independentistas como las de ella. Establecen en Viñales una farmacia que ambos atienden, y entablan relaciones conspirativas con varios patriotas, entre ellas Isabel Rubio que ya desarrollaba su activa gestión separatista en la provincia.

El matrimonio Azcuy-Monzón vivió una etapa de plena felicidad hasta que la Viruela acaba con la vida del apuesto joven, en 1886. Posteriormente, el 17 de enero de 1891. Adela contrae segundas nupcias con el empleado de su farmacia Cástor del Moral, español que no compartía con ella en lo más mínimo sus ideas independentistas. Esta divergencia ideológica terminó como era de esperarse: Adela se lanza a la manigua redentora en busca de los mambises y del Moral se une como farmacéutico a las tropas españolas donde permanece hasta el final de la guerra.

Adela se une el 10 de febrero de 1896 a las fuerzas del entonces capitán Miguel Lores en la zona Gramales, siendo asignada al servicio de Sanidad, pero gestionó activamente combatir con las armas en la mano como un soldado más. Pronto se convirtió de generosa enfermera en un soldado de la línea de fuego. Participó en 49 combates bajo el mando del General Antonio Maceo. Sobresalió extraordinariamente en la acción de Loma Blanca como parte del combate de Ceja del Negro el 4 de Octubre de 1896.4

Fue nombrada Capitán el 12 de Junio de 1896, grado que le ratificó Maceo el primero de diciembre del propio año.

Combatió con valor ilimitado junto a los demás valientes mambises, pero siempre acompañada de su maletín de curaciones, resultando una magnífica enfermera.

En la República Neocolonial se opuso resueltamente a las tendencias anexionistas que proliferaron sobre todo durante la segunda intervención militar norteamericana. El 21 de enero de 1911 se hizo cargo de la secretaría de la Junta de Educación de Viñales, donde demostró talento y habilidad.

Se trasladó a la Habana buscando atención médica a sus dolencias y allí falleció, a la edad de 53 años, el día 14 de enero de 1914.

María de la Luz Noriega Hernández

Esta cubana de porte distinguido, hermosos ojos verdes y esmerada educación, contrajo matrimonio muy joven con el médico Francisco Hernández. Ambos se unieron a la columna invasora dirigida por el General Antonio Maceo en los primeros días de Enero de 1896.2-4, 14

Era experta en el manejo de las armas, por lo que, además de prestar servicios como enfermera, muchas veces combatió como un soldado más. Por el valor demostrado en los combates y el exquisito cuidado dispensado a los heridos y los enfermeros, el General Maceo le otorgó el grado de Capitán del E.L. y le llamó con admiración La Reina de Cuba. 6

Integró la columna que Maceo organizó para marchar hacia el Este. Se distinguió en el reñido combate de Río de Auras (Matanzas). Quedó prestando servicios como enfermera en un hospital de campaña en la finca Jicarita de esa provincia, para acompañar a su esposo que estaba enfermo de gravedad.

Una patrulla española sorprendió el rancho donde se guarecían y le dio muerte al Dr. Hernández en presencia de su esposa. Ella fue confinada a la Isla de Pinos donde recibió todo género de maltratos y ofensas. Al establecerse el régimen autonómico en Cuba fue indultada e inmediatamente se incorporó de nuevo a las tropas mambisas, aunque con su salud seriamente quebrantada.

Ya en la paz contrajo segundas nupcias con el médico Coronel del E.L. Enrique Yañiz Martínez, pero su salud física y mental había sido tan dañada que se suicido en la cuidad de Matanzas el 16 de agosto de 1901.

Isabel Rubio Díaz

Esta insigne patriota nació en Paso Real de Guane (pueblo que hoy ostenta su nombre) el 8 de Julio de 1837.4 En su familia se cuentan muchos médicos, incluyendo a su padre Enrique, a su hermano Antonio y a su hijo Modesto Gómez Rubio, que llegó a Coronel del E.L. y médico del Estado Mayor del General Antonio Maceo. Isabel perdió a su madre Prudencia Díaz cuando tenía solo 6 años de edad; diez años después contrajo matrimonio con Joaquín Gómez, de cuya unión nacieron sus hijos Ana María, Isabel, Rosa, Modesto y Joaquín Cecilio que falleció a los dos años de edad.

En 1882 se incorporó a las actividades conspirativas contra el régimen español.4 Cuando se preparaba la Guerra del 95 su casa se convirtió en el centro conspirativo más importante de la provincia pinareña. Durante sus frecuentes viajes a casa de su hija Isabelita, establecida en Cayo Hueso (Estados Unidos), y casada con el Coronel del E.L. Enrique Canals Infante15 estableció contactos con numerosos jefes insurrectos, llegándose a pensar con mucha lógica que en ese país conoció a José Martí. Se constituyó en un importante enlace entre los cubanos conspiradores de dentro y de fuera de Cuba. En el campo insurrecto se dedicó a las labores de sanidad. En Guane organizó un hospital de sangre el cual fue visitado por el General Maceo el 20 de enero de 1896, día en que le confirió el grado de capitana.

El mismo día del comienzo de la guerra, o sea el 24 de febrero de 1895, su hijo Modesto y el canario Antonio Ríos, partidario incondicional de la independencia de Cuba, son detenidos por las autoridades españolas por sospechas de conspiración, aunque poco después son puestos en libertad por falta de pruebas; cuando ambos regresaron al hogar tras haber sido liberados, Isabel los llamó para decirles en tono firme y autoritario: "Muéranse antes de volver a dejarse apresar".

No tardaron Modesto, Antonio, su nieto César y su propio esposo en coger el camino de la manigua redentora. Isabel no se quedó atrás a pesar de los ruegos familiares que le sugerían el camino del exilio teniendo en cuenta sus 58 años de edad; a todos contestaba: "Necesito practicar lo que propagué". Fundó un hospital ambulante en las cercanías de Catalina de Guane, hacia donde había tenido que trasladarse el 21 de Febrero de 1896 al ser incendiado su pueblo natal. En su hospital era auxiliada por un grupo de mujeres que ella misma había entrenado. Desde este lugar inicia un traslado peligroso y agotador de 150 Km. hacia el Este de la provincia. Es en la loma La Gallarda, frente a San Diego de los Baños, donde más tiempo permanece con su hospital de sangre, tan pobre en recursos de todo tipo y ferozmente buscado por el enemigo. El 27 de diciembre de 1897 el hospital se desplaza hacia la loma El Copey, donde fue atendido el Coronel Roberto Bermúdez gravemente herido2. Se sigue moviendo para evitar ser sorprendida por los españoles y el 12 de febrero de 1898 llegaron a El Seborucal, lugar intrincado cerca de los Palacios y propicio para instalar su hospital de sangre, a pesar de lo cual es descubierto por una compañía del ejército regular español a la que acompañaba una guerrilla de apátridas de San Diego. Ante la sorpresa de la fuerza enemiga, Isabel corrió hacia la angosta entrada y la bloqueó con su cuerpo mientras gritaba: "No tiren que somos mujeres, niños y enfermos", pero recibió como respuesta una descarga de fusilería que le destrozó una pierna.15 Inmediatamente aquella guerrilla sedienta de sangre se lanzó a rematar a casi todos los heridos y enfermos que allí se encontraban, dentro de los cuales estaba el isleño canario Antonio Ríos que se suicidó antes de volver a dejarse apresar.

Isabel no fue rematada gracias a la rápida intervención de su compañera de armas Petra Ríos2 quien la recogió del suelo y la protegió con su cuerpo. Hecha prisionera por aquellos malvados, la hicieron caminar hasta San Diego de los Baños, donde le hicieron una simple cura y la remitieron al hospital de San Isidro en la cabecera provincial, prohibiéndosele ser atendida por su hermano, el experto médico Antonio Rubio, que radicaba en esta ciudad.17

Tres días después de ser apresada o sea, el 15 de febrero de 1898, al atardecer, moría la egregia pinareña, víctima de una fulminante gangrena, rodeada de unos pocos familiares que fueron autorizados a estar a su lado. Tenía al fallecer 60 años.

Regla Socarrás Socarrás

Nació en Las Pozas, Bahía Honda, en 18803 de familia con profundos y antiguos ideales separatistas. Sus abuelos secundaron a Narciso López cuando desembarcó en Playitas en 1851, motivo por el que fueron hechos prisioneros y conducidos a la Habana y más tarde a Ceuta, donde murieron.

Sus padres eran Carlos Socarrás y Antonia Socarrás. El primero se incorporo oficialmente al E.L. con fecha 6.1.1896, aunque se dice que desde mucho antes ya se encontraba alzado en los montes de Bahía Honda al margen de las leyes del régimen colonial.4,18 Con el grado de comandante Carlos organizó el Regimiento Cacarajícara perteneciente a la Brigada Norte de Pinar del Río. Se destacó en varios combates, recibiendo graves heridas en el combate de Cacarajícara el 30.4.96, a consecuencia de las cuales murió dos días después.19 Un día antes Maceo lo había ascendido a Teniente Coronel. Reglita, como cariñosamente le llamaban, tenía entonces 15 años de edad.

Delante de ella los españoles mataron a machetazos a sus hermanos Antonio y Miguel de 18 y 16 años respectivamente y su tío Miguel cayó a sus pies tan gravemente herido, que allí exhaló su último suspiro. Reglita tomó en sus manos el fusil de su tío y se internó en el monte disparándolo. Deambuló por la manigua en compañía de su madre, de una tía, y de varias mujeres más, cuidando enfermos, curando heridos y enterrando a los muertos. Maceo la nombró capitana y le encargó los hospitales de sangre comprendidos entre Río Blanco y Cacarajícara.20Cumplen abnegadamente su misión hasta que son sorprendidas por el enemigo como consecuencia de la delación de un traidor e internadas como presas políticas en la prisión de La Cabaña, de la cual fueron liberadas al ser relevado Weyler. Después de ser liberada sigue luchando por la libertad de Cuba y por el sustento de su familia, cuyos hombres habían caído en la manigua redentora.

A la edad de 24 años contrajo matrimonio con Francisco Prío Rivas, de cuya unión nacieron varios hijos, uno de los cuales llegó a ser presidente de la República.

Reglita conspiró contra Machado.20 Marchó al exilio inmediatamente después del altero golpe de estado del 10 de marzo de 1952, regresando a su Patria a la caída del Tirano Batista y aquí murió el 3 de Marzo de 1960 a los 79 años de edad. Sus restos fueron sepultados en la Patria que tanto amó.

Catalina Valdés

Nació en Consolación de Sur el 22 de marzo de 1837. Campesina de humilde origen y cuerpo sencillo, aunque de mirada penetrante y simpatía espontánea y contagiosa.3 Desde muy joven acompañó a su esposo Francisco Páez en los trabajos del campo. De ese matrimonio nacieron 12 hijos: 2 hembras y 10 varones.

Apenas llego el Mayor General Antonio Maceo con sus huestes invasoras a la región vueltabajera, Catalina se le incorporó sin pérdida de tiempo e hizo gala de tenacidad y firmeza, como combatiente y como enfermera. 2Se lanzó a la manigua junto con su esposo y sus diez hijos, dos de los cuales alcanzaron el grado de Coronel del E.L. No es casual que muchos llamen a Catalina Valdés "La Mariana Grajales de Vuelta bajo".

Su conducta decidida y sin claudicaciones en el campo de batalla le valió que el General Maceo le impusiera el grado de Capitán.2 Con ese alto grado recibió también el nombramiento de Jefa del campamento de Arroyo de Agua, el que más tarde convirtió en un hospital de sangre donde prestaba sus servicios a los soldados mambises y a toda la población de la zona de Consolación que los solicitaran. El campamento que estaba bajo su mando fue el único en su zona que no pudieron incendiar las tropas enemigas, a pesar de los numerosos ataques que lanzaron contra el mismo y que ella supo defender con las armas en la mano. Al terminar la contienda independentista todo su cuerpo estaba lleno de gloriosas cicatrices como resultado de las heridas recibidas en los combates.

Durante la República no ocupó cargos públicos. Murió en el barrio Lajas el 23 de agosto de 1915, rodeada de todos sus hijos y del cariño y admiración de todos los que la conocieron. Su cuerpo descansa en el cementerio de Consolación del Sur.3

Al escribir sobre las consolareñas que prestaron sus servicios durante las guerras por la independencia a los patriotas que lo necesitaron no podemos dejar de mencionar a Paulina Pedroso, que aunque no alcanzó grados militares, desempeñó en su exilio en Tampa (Estados Unidos) una valiosa contribución a la causa cubana, uniéndose espiritualmente a nuestro Héroe Nacional José Martí, y prestándole tan exquisitos y útiles cuidados cuando estuvo enfermo, que él llegó a llamarle "mi madre negra". Murió ciega y pobre en la capital de la República el 12 de mayo de 1913.3

DISCUSIÓN

Después de revisar la literatura más importante y autorizadas sobre el tema que nos ocupa, llegamos a la conclusión que existe acuerdo entre todos los autores consultados en que las mujeres que atendían a los mambises en los hospitales de sangre en nuestra provincia durante los días gloriosos y tristes de la guerra del 95 eran verdaderas heroínas, poseedoras de un patriotismo y un valor a toda prueba, resaltando de entre ellas las cinco que fueron nombradas por sus méritos Capitanas del Ejercito Libertador en Pinar del Río.

No exageremos al decir que su hazaña fue asombra y su ejemplo es inmortal.

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

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19. Miró Argenter J. Cuba: Crónicas de la Guerra. 3ª ed. La Habana: Editorial Lux; 1943.

20. González JP. La pérdida de una patriota: Regla Socarrás. Vocero Occidental;. Sábado 5 de Marzo 1960. p. 1(col 7 y 8).

 

Recibido: 30 de Noviembre de 2008
Aprobado: 8 de Marzo de 2009.

 

Dr. Marco Antonio Montano Díaz. Universidad de Ciencias Médicas. "Dr. Ernesto Che Guevara de la Serna". km. 88½ Carretera Central. Pinar del Río. Cuba. Teléfono: 762722. E-mail:montanod@princesa.pri.sld.cu

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