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 IN MEMORIAM


Dr. Roberto Suárez Hernández


15 enero 1935 – 1 agosto 2018


Natural de Puerta de Golpe, municipio Consolación del Sur, nació el 15 de enero de 1935 en una familia humilde, donde compartió labores de talabartería con su padre y como ayudante de farmacia propiedad de Artemio Castillo, quien al apreciar su inteligencia natural y la motivación por estudiar Medicina decidió apoyarlo en ese proyecto.
Ingresa en 1959 en la Universidad de La Habana para iniciar los estudios de Medicina que concluyo en diciembre de 1965. Junto a los doctores pinareños Marco Antonio Montano Díaz, Rafael Ángel García Portela, Abelardo Ramírez Márquez, ya fallecidos, Sonia Granda, Amparo Torres y Caridad Morales, asiste a la primera graduación de médicos y estomatólogos efectuada en el Pico Turquino que presidirá el Líder Histórico de la Revolución Fidel Castro Ruz.
Inicia su posgrado en el municipio de Holguín, antigua provincia de Oriente hasta 1969 que obtiene la residencia para la especialidad en Ginecoobstetricia en el hospital nacional Enrique Cabrera de La Habana graduándose en 1974 como especialista siendo ubicado en el propio hospital.  
Es reubicado después en el hospital provincial gineco obstétrico Justo Legón Padilla de la ciudad de Pinar del Río, donde continúa ejerciendo como profesor hasta su jubilación a causa de una diabetes mellitus que más tarde le provocara la perdida de la visión. Enviuda y es motivo para trasladarse a Holguín junto a su familia, y años después por decisión personal regresa a residir en San Andrés de Caiguanabo, La Palma desde donde en fecha reciente, afectada su salud, es remitido al hospital general docente Abel Santamaría Cuadrado, donde fallece el 1 de agosto, a la edad de 83 años a causa de una neumonía hipostática, rodeado de sus hermanos masones quienes le brindaron atención y acompañamiento desde su regreso a Vueltabajo. 
La historia de vida del profesor Suárez, rica en detalles de significación aportados por su esfuerzo y dedicación al estudio consecuente con su compromiso definido desde su humilde origen familiar, lo caracterizó siempre su proceder ético y desempeño profesional ejemplar tanto como médico y docente, y como ciudadano. Su habitual comportamiento de exigencia en lo referente a la responsabilidad individual por la calidad de los servicios y la priorización al respeto al paciente, fue una de sus principales cualidades por la que perdura en la memoria de los numerosos profesionales que contribuyó a formar y a la población que lo recuerda.
Distinguido como personalidad por la fraternidad masónica cubana, quienes le acompañaron durante muchos años y en su convalecencia hospitalaria, a su deceso le brindaron los honores correspondientes en su sepelio.
A sus familiares y amigos, las más sentidas condolencias. Queda de nuevo pendiente una historia de vida por recuperar para el salubrismo cubano. Descanse en paz inolvidable profesor y amigo.

 

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