In memoriam

 

Dr. Raúl Rodríguez Lastra In memoriam

 

5 de diciembre 1939 – 4 de julio 2019

Hace unos días, conocí del fallecimiento repentino en su residencia en La Habana, de un gran amigo y profesor fundador de nuestra escuela de medicina pinareña, el doctor Raúl Rodríguez Lastra, víctima de un infarto cardíaco.

Como es imposible obviar ese momento inevitable del fin de la vida, me propuse compartir uno de los imborrables detalles de su obra terrenal de 45 años como docente, que él acostumbraba a resaltar como apreciado valor adquirido en su infancia y ejemplo para educadores. Un homenaje de los que tuvimos el placer de disfrutar su presencia, y para que otros aprecien la sensibilidad y ética de un hombre exponente del educador cubano, de alto nivel ético en la formación de valores para el profesional a que aspiramos.

Mi deuda y eterna gratitud,obra de su autoría,fue presentada en el evento HISTARTMED 2014, (Historia, Arte y Medicina) de la Facultad de Ciencias Médicas Julio Trigo López. Es un texto en prosa de 19 páginas donde se aborda en un lenguaje natural y muy afectivo, estilo personal del autor, que con naturalidad escribe para que sea interiorizado y bien aprovechado por el lector; así trata en secciones: Inicio en la docencia, De unión y familia, De modestia y desinterés, De sencillez y humanismo, Las mujer en toda su dimensión, Educación y modales, Sobre ortografía y cultura, Autosuficiencia, Orientación vocacional, Léxico, Fraude, Reconocimientos, y Epílogo; con un fraseo martiano, donde reconoce a sus maestros, profesores, colegas y discípulos, que también muestran sus criterios en páginas anexas.

Con este propósito, rindo tributo a su memoria reproduciendo parte de esta obra que, en un ejemplar, dedicara a su Facultad de Ciencias Médicas de Pinar del Río el 2 de junio de 2014, legada junto a un manuscrito de testimonios del período fundacional, depositado en el sitial de honor del centro en esa fecha en ocasión de una visita a la institución.

El trascendente aporte de actualidad para docentes y otros lectores de su mensaje, aportan una imagen de su preocupación acerca de por qué la docencia debía acompañarse de la preparación cultural y cívica del estudiante por el profesor, para impregnar de valores en el proceso de moldear la calidad humana de cada discípulo; transcribo unos párrafos del preámbulo de este excelente material que acompañó de testimonios, tal vez a imitar por otros colegas contemporáneos del claustro.

En un espacio de mayor amplitud, se debiera reproducir para que sea conocido por los que amamos la obra, que él como martiano, contribuyó a crear para formar verdaderos profesionales de la salud, muy oportuna en esta etapa de convocatoria para pensar como país.

"Mi deuda y eterna gratitud", por el Dr. Raúl Rodríguez Lastra

Una de las cosas que le agradecemos a la vejez, olvidándonos de los achaques, artrosis, las cataratas y en el peor de los casos la invalidez, es que nos permite rescatar de nuestra memoria si disfrutamos de salud y mente clara, todos aquellos recuerdos que marcaron nuestra existencia, permitiéndonos trazar estrategias y conductas en nuestro decursar.

Hoy en la "relativa" tranquilidad que nos ofrece la jubilación doy inicio a la historia que a continuación les narro, cuya génesis es la enseñanza.

Debo manifestar que desde pequeño he sentido gran admiración y respeto por todas aquellas personas, que desde edades muy tempranas, se encargaron de enseñarnos las ciencias y letras necesarias para hacernos útiles a la sociedad, además los sentimientos y valores indispensables para accionar ante las disímiles situaciones que habríamos de enfrentar en nuestro camino.

Hube de formarme en un colegio de sacerdotes llamado Escuelas Pías de La Habana, a quienes dedico desde el inicio el título con el cual encabezo este escrito y donde recibí toda la educación formal que me brindaron para saber comportarme en cualquier medio, las mejores normas cívicas y morales basadas en los manuales que incluía el plan de estudio, inculcadas en el quehacer de todos nuestros profesores, que fueron como apunta José de la Luz y Caballero, verdaderos evangelios de la pedagogía más depurada.

De aquella época, aún rememoro al Padre Jesús Díaz y el aula de quinto grado del tercer piso, a la cual nos llevaba en el horario del recreo, cerrando puertas y ventanas para atenuar el ruido producto de los juegos del restante estudiantado y nos decía:

"Hoy de nuevo vamos a aprender otra pincelada de educación y buenos modales".Por favor, saquen sus libretas de notas y escriban. En la clase de hoy hablaremos de las diversas formas de expresar la alegría. Para ello, hay en sentido general tres maneras de hacerlo y ellas son la sonrisa, la risa y la carcajada.Mucho cuidado, ya que cada una de ellas encierra el caudal de educación que ustedes tienen y deben poner en función.

La primera es la sonrisa.Es la más fina y delicada de las tres. Se traduce en expresar con las facciones del rostro, lo que una frase, chiste o un hecho relatado provoca, haciendo entreabrir un tanto nuestros labios, enseñando quizás algo de nuestra dentadura sin hacer ningún ruido, demostrando lo grato de lo escuchado. Es además, la única de todas con la potestad de poder sustituir a un saludo, siempre y cuando surja fresca, espontánea y se acompañe de un rostro dulce y tierno.

La segunda es la risa.Le sigue en orden ascendente y supera los cambios en nuestras facciones, sobre todo las manifestaciones bucales, abriendo la misma y a la vez, dejando escapar sonidos que no superen los decibeles permitidos por las normas de educación, cuya escala se encargará de ir demostrando si son todo lo educados que deben ser, pues las personas que nos rodean sin dudarlo, se fijan tanto en las expresiones como en los decibeles para tener un criterio. Esa imagen será el recuerdo y la calificación de nuestra instrucción, por tanto: ojo con ese dato.

La tercera manifestación es la carcajada. Sin lugar a dudas, es una injuria en pleno rostro a las más elementales normas de educación. Recibida la broma o el chiste, surge ella desenfrenada, abriendo la boca de par en par, dejando ver hasta las amígdalas, úvula y dientes cariados, acompañada de potentes ruidos guturales y en los menos educados palmadas, el levantamiento de las extremidades inferiores, separando los zapatos del suelo para hacer trizas en cada pisada y aplausos las más elementales normas de educación. La imagen obtenida de esta situación será muy difícil de olvidar y la calificación alcanzada por su autor demostrará la poca formación que le acompaña.

Por tanto, queridos alumnos, si bien sacrificamos el recreo en el patio del colegio, habrán aprendido algo para toda su vida, será su propio actuar en el futuro, con ello obtendrán el respeto y la admiración que tendrán de ustedes los que le rodean.

De corazón, cada día todo lo aprendido con la edad que nos acompañaba y un recreo perdido un año completo, ninguno de nosotros en aquella época le dábamos el inmenso valor que tenía, pero ya graduados de bachilleres y de estudios universitarios, no hay un solo instante que no agradezcamos todas las lecciones que en aquel horario se nos prodigó, en aras de formarnos como hombres útiles a la sociedad, cultos y educados, que es otro tesoro de incalculable valor personal.

Siempre he visto al alumnado como prolongación de mi familia y como tal les he tratado, ya que están ávidos de información y orientación de todo tipo.

Como dirección les he atendido personalmente, y del consejo recibido han logrado salvar el problema para ellos invencible, por el cual pensaban abandonar la carrera.

Como profesor, siempre hallar el momento oportuno para sembrar una semilla de sentimiento, amor, solidaridad, modestia o principios, pensando como Martí: "En los colegios no se abre apenas el libro que en ellos debiera siempre estar abierto, que es el de la vida".

Y esta tarea sólo se logra hablando para encaminarlos con nuestro ejemplo y experiencia.

Dentro del binomio docente-educando siempre el papel protagónico le corresponde al Profesor, como bien sentenciaba la Dra. Graciela Pogolotti y es a él, a quien le corresponde trasmitir lo que sabe de su asignatura y educar para cumplir a cabalidad su objetivo, que también lo solicitan los que nos dirigen, cuando en los claustros exigen que seamos los formadores del hombre del futuro, moldeándose en el ejemplo de nosotros y proyectándose en la sociedad con las enseñanzas que les brindemos.

En el epílogo de su obra expresó: Cuanta nostalgia experimento… desde donde elevo la mirada hacia lo alto, repasando con la vista cada aula que todos los años iba cambiando de acuerdo al grado de escolaridad, hasta llegar a la azotea donde el Padre Ramón nos impartió la Preparatoria. Ya de bajada, detener la mirada y el pensamiento en aquella, que a pesar de no disfrutar del recreo, nos enseñó tanto educación como buenos modales.

Allí es donde se empañan nuestros ojos por el recuerdo de aquel tema inolvidable, entre otros recibidos… Hay sonrisa, risa y carcajada.

Existen dos planteles que cada vez que llego a ellos me conmocionan, una es la Facultad de Ciencias Médicas de Pinar del Río de la cual soy fundador, en la que laboré quince años, lo mismo me sucede con la facultad Julio Trigo López, de la que también soy fundador en la que trabajé a mi regreso a La Habana desde 1989 hasta 2013 fecha en que me retiro, viendo con orgullo donde quiera que esté, lo inmenso de aquellas obras y los miles de alumnos que de ellas han egresado, para servir a nuestro pueblo así como a otras naciones del mundo.

Con mis confesiones de cuarenta y cinco años de docencia, llegue a todos mis profesores y alumnos, MI DEUDA Y ETERNA GRATITUD, gracias de todo corazón.

 

Dr. Raúl Rodríguez Lastra
Profesor Titular y Consultante en Anatomía Patológica
Facultad de Ciencias Médicas "Julio Trigo López", La Habana
Febrero de 2014

 

Dr. Joaquín Hilario Pérez Labrador1
http://orcid.org/0000-0003-2764-8926
1Universidad de Ciencias Médicas de Pinar del Río. Pinar del Río, Cuba.
editorialpr@infomed.sld.cu




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